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8 desafíos que debes superar para estudiar en el extranjero

El cambio de vivir con tus familiares a vivir solo puede ser fuerte, dependiendo de la calidad de independencia que poseas, la cual varía muchísimo en cada persona tanto como la personalidad. Se trata de un proceso completamente normal en el que se vive una especie de luto, por “abandonar” algo a lo que estábamos acostumbrados, por pasar a un área completamente fuera de nuestra cálida y suave zona de confort. 

Este artículo promete muchas cosas, menos evitar ese luto. Pero sí te podemos ayudar paso a paso a identificar esos desafíos para que te acuerdes de nosotros cuando lo vivas y sientas unas leves palmaditas en la espalda cuando pase, porque te acompañamos y guiamos en el camino de emprender la aventura de estudiar y desarrollar tu carrera en el extranjero.

1. La primera noche

Acabas de llegar a otro país, empiezas a desempacar con toda la calma del mundo tus pertenencias en tu nuevo hogar, hasta que te darás cuenta y pensarás “¡¿Qué he hecho?!.. Debí quedarme en casa. ¿Y si he tomado una mala decisión?”.

Lo cual es totalmente normal, todos hemos estado en un punto donde hay tanto silencio alrededor que solo escuchamos al pequeño diablillo de nuestro hombro derecho, experto en inseguridades y temores.

Lo que debes hacer: Calmarte, primero. Mientras tanto, asumimos el papel del angelito que está a tu lado izquierdo y te decimos que: Cuando toda esta experiencia termine, ni siquiera vas a recordar esta primera noche; y si la recuerdas, en retrospectiva podrías hacer burla de ti mismo. Lo que sientes son nervios, como los que sientes cuando estás a punto de subir a una montaña rusa o cuando estás por hablarle a tu crush. Todo es cuestión de confianza en ti mismo.

Así que después de desempacar, date una ducha o baño tibio, prepara una cena promedio (sabemos que eres estudiante, así que no te exigimos mucho con la cena) y relájate con una película. Para el día siguiente estarás fresco y lleno de energía para lo que sea que te depare.

2. Si ninguno de tus dispositivos funciona

También es normal. Cuando cambias de un país a otro, especialmente si está muy lejos, los dispositivos suelen desadaptarse y toma un poco de tiempo y paciencia para reconfigurarlos. Así es, justamente igual que tu.

 

Además, luego de un largo viaje, es probable que tus equipos electrónicos se hayan quedado sin batería porque estaban buenos los memes en el aeropuerto o porque dejaste los cargadores en casa. Si Murphy es generoso contigo, tus enchufes no encajarán en los tomacorrientes de tu nuevo alojamiento porque es una entrada distinta. Y si aún no has avisado que llegaste bien a tus seres queridos, pensarás que están muy preocupados. Entonces te darás cuenta que la tecnología es muy conveniente… hasta que la necesitamos y falla. 

Y no es para menos, se trata de la conexión con tu hogar, y obviamente cuando no funciona; te sientes completamente solo y desprotegido.

Lo que debes hacer: La tarea. San Google estará dispuesto a darte respuesta si le preguntas qué tipo de enchufe hay en Reino Unido o Nueva Zelanda. Lo ideal sería tener suficiente dinero para comprar un adaptador o un “cuadrito” que te apoye con los puertos USB, muchas veces se encuentran en tiendas de conveniencia.

También asegúrate de tener descargado o “disponible sin conexión” todo lo que sepas que te hará falta al momento de tu llegada, como por ejemplo la ruta del aeropuerto a tu casa, la dirección, copias de tus identificaciones e incluso tus horarios de clase.

3. Aparecen las famosas barreras lingüísticas 

Aunque no te hayas perdido de ninguna de tus clases de inglés en Madrid, hayas superado con máxima puntuación el TOEFL en Madrid y la santa trilogía de los exámenes lingüísticos; en la práctica de calle, te encuentras con algo totalmente distinto.

Y es que puede que no sepas nada de modismos, abreviaciones o cómo se dice “el cubito del enchufe” en inglés. Entonces te puedes encontrar en una situación incómoda donde el vendedor del mostrador no sabe si venderte un cargador o un cubo de Rubik porque no te das a entender fluidamente o tu acento extranjero te está saboteando.

También es posible que te pierdas en medio de una conversación porque entendiste algo completamente fuera de contexto, sientes que la persona te está hablando muy rápido o ya te confundieron con un local y asumen que entiendes el lenguaje coloquial. De este tipo de conversaciones salen algunas de las mejores carcajadas del día.

Lo que debes hacer: Primero, cuando te sientas perdido en la conversación, sonríe y amablemente pide disculpas porque no entendiste. Explica que no eres local y estás lidiando con el idioma, entonces la otra persona con gusto te devolverá la sonrisa y repetirá lo que dijo de manera más pausada o con palabras más sencillas. La amabilidad es el idioma universal y puede contra toda barrera lingüística.

Segundo, asegúrate de inscribirte en la mejor academia de idiomas en Madrid (como la nuestra, -humildemente-) con profesores americanos nativos. Este aprendizaje es clave porque no solo te enseñamos los tecnicismos del idioma, sino también una perspectiva local profunda; créenos cuando te decimos que te ahorrarás muchos malentendidos.

4. El mismo discurso repetido

Prepárate para recibir las mismas preguntas sobre el lugar de donde vienes, sazonadas con un poco de mitos o prejuicios que ni al caso. Pero nadie tiene la culpa de que seas un atractivo espécimen extranjero que genera muchísima curiosidad. 

Lo que debes hacer: Tener paciencia. Aprovecha de educar a las personas acerca de tu tierra, imagina que eres una clase de embajador que está para enriquecerse culturalmente así como también enriquecer a otros. Y si lo piensas con cuidado no está alejado de la realidad porque es a través de ti que tus nuevos amigos y conocidos conocerán tu país.

5. Cuando el turismo culinario llega a tu guardarropas

Durante tu primer mes en el extranjero, todo es nuevo, emocionante y delicioso. Seguramente cuando te detengas a pensar si estás dejando mucho tiempo tu ropa en la secadora, te darás cuenta que la secadora no tiene nada que ver con tus experimentos gastronómicos.

Pero por supuesto, ¿Quién en su sano juicio y con las posibilidades de explorar platillos locales, no lo hace? Entonces no creas que estamos alimentando a tu diablillo interno con prejuicios sobre tu peso, todo lo contrario: queremos que entiendas que es totalmente normal y divertido conectarte con el nuevo país que te recibe a través de sus comidas.  Incluso es hermoso.

Lo que debes hacer: Bajar la intensidad. No solo con la comida sino contigo mismo, dale tiempo a tu cuerpo a que se acostumbre y reduce poco a poco los atracones con los que tanto soñamos. Además, con el tiempo ya podrás ir generando tu propia rutina en la que encuentres tiempo para preparar tus comidas en casa o salir a trotar. Pero nunca te sientas culpable: Barriguita llena, corazón contento.

6. Tus productos favoritos, a mil kilómetros de distancia

Te puede pasar que las marcas de alimentos, maquillaje si eres chica o cuidado personal no existan en el país donde ahora estás. Y no hay manera de saber esto sino hasta que ya estás en tu lugar. Entendemos perfectamente que el gel de cabello puede ser un asunto complejo, pero no te desesperes, es posible que sí exista aunque no a simple vista.

Lo que debes hacer: Investiga. Pregúntale a algún compañero patriota si está familiarizado con el producto que te hace falta y dónde podrías conseguirlo. Las posibilidades de que pueda ayudarte son 50-50, pero lo que sí es seguro es que te ayudará a crear una nueva amistad. Así es: El shampoo también puede unir personas. Es posible que ciertas cadenas comercialicen tu producto o que también existan locales especializados con productos de tu zona de procedencia. Entre más cosmopolita sea la ciudad donde te encuentras, mayor serán las posibilidades de que lo encuentres en tiendas de especialidad regional.

Si estás seguro de que no hay manera de conseguir tu producto, averigua si alguien que viaje te lo puede hacer llegar en su equipaje o ¿Por qué no? Intenta comprarlo en línea.

7. Ataques repentinos de nostalgia

Se desencadenan con una canción, un aroma o incluso una foto ¿Recuerdas el “luto” del que te hablamos al principio? Pues seríamos seres sin sentimientos si no nos llegara un ataque de estos. Porque te darán ganas de dejarlo todo y salir corriendo a sentir la calidez de tu tierra, no importa si estás a mitad de semestre o si tienes un examen mañana (especialmente porque tienes un examen mañana). Te sentirás ajeno a todo y a todos, pero si lo estás leyendo en este artículo significa que esto no solo te ha pasado a ti, ni tampoco serás el último a quien le pase.

Lo que tienes que hacer: Conversar con un amigo. Quienes están igual que tú, fuera de casa, son los que pueden entender perfectamente lo que te está pasando: Que no importa cuántas videollamadas tengas al día, ese sentir no se te despega.

Recuerda que nada en esta vida es eterno, estarás regresando a casa más pronto de lo que crees y tampoco esa tristeza que traes contigo se quedará para siempre.

Vive el momento, disfruta lo que estás viviendo ahora porque en unos cuántos años será un recuerdo (de los mejores) y que no todos tienen la oportunidad de experimentar vivir en otro país, con personas muy distintas a ti pero que al mismo tiempo tienen mucho en común.

8. El dinero y los cálculos mentales

De esta no se escapa nadie, ni los economistas. Lo primero que te va a costar entender es la proporción de lo que está barato y lo que está caro, pues estamos hablando de una economía distinta a la que estás familiarizado. Además, el cambio de la moneda será algo a lo que te costará adaptarte también.

Lo que tienes que hacer: Organizarte. Para eso existen aplicaciones que ayudan a manejar el dinero de tu cuenta bancaria. Pero lo ideal es tener muy claro de cuánto dinero dispones, como presupuesto, en la moneda local. Porque puede que te sientes millonario cuando hablamos de tu moneda nacional pero cuando haces la equivalencia a la moneda local no sea tanto, o viceversa.

Una vez que tengas entendido de cuánto dinero dispones en moneda local, revisa los precios en un supermercado o en una tienda del vecindario, los productos que pueden ser de consumo diario te ayudarán a tener mejor perspectiva. Luego, mide el precio de lo que te puede costar una comida en la calle, en un local en el que comerías frecuentemente o casualmente.

Para todo lo demás, actitud, que cuando crees en ti mismo, no hay nada que te saque ventaja. 

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